¿Y si después de años de minimalismo, ahora todo necesitara un poco más de brillo?
Durante los últimos años, el clean girl, los tonos neutros, el minimalismo y el llamado quiet luxury dominaron buena parte de la cultura visual. Pero en 2026 el péndulo parece haber cambiado de dirección: ahora queremos más color, más textura, más personalidad… y, por supuesto, más cristales.
La tendencia tiene nombre: bedazzling. Y aunque no nació con Kylie Jenner, su reciente cumpleaños ayudó a llevarla nuevamente al centro de la conversación digital. Su celebración número 29 estuvo llena de referencias a la estética Y2K, incluyendo pasteles decorados con gemas y elementos cubiertos de brillo. En cuestión de días, los cristales comenzaron a aparecer nuevamente en celulares, accesorios, productos de belleza, bebidas y hasta comida.
¿Qué es el bedazzling?
Bedazzle significa “deslumbrar” y, en términos simples, consiste en decorar objetos con cristales, rhinestones, pedrería, stickers o cualquier elemento que aporte brillo.
La idea no es nueva. Su origen está relacionado con el DIY y con la estética de los años 90 y 2000, cuando era común personalizar celulares, jeans, bolsos, cinturones y accesorios con pedrería.
De hecho, el concepto está ligado al famoso Bedazzler, una herramienta que popularizó la aplicación de remaches y pedrería en prendas y accesorios.
Pero el bedazzling de 2026 tiene una diferencia importante: ya no se trata solamente de decorar ropa. Se trata de bedazzlearlo TODO.
Termos, vasos, fundas de celular, maquillaje, skincare, uñas, pasteles, bebidas y prácticamente cualquier objeto cotidiano pueden convertirse en una pieza llena de cristales.
Kylie Jenner y el regreso del “Bedazzle Everything”
Las Kardashian-Jenner saben perfectamente cómo funciona la cultura de internet: algo aparece en sus redes, la gente lo replica y, cuando menos lo esperamos, las marcas ya están participando.
Eso es precisamente lo que ocurrió con el bedazzling. El cumpleaños de Kylie ayudó a darle un nuevo impulso a una estética que ya venía recuperando terreno. Sus elementos llenos de brillo funcionaron como combustible para una tendencia que conecta directamente con la nostalgia Y2K.
Y aquí está lo interesante: Kylie no inventó el bedazzling. Pero sí ayudó a convertirlo en conversación.
Ese matiz es importante porque demuestra algo que las marcas deberían tener muy presente: muchas veces, una tendencia no necesita ser nueva para volver a ser relevante. Solo necesita encontrar el momento correcto.
De Kylie a McDonald’s, NYX, CeraVe y más
Cuando una tendencia comienza a generar suficiente conversación, las marcas tienen dos opciones: observar desde afuera o encontrar una manera de entrar a la conversación. Y muchas eligieron la segunda.
Marcas de belleza, alimentos, bebidas y lifestyle comenzaron a adaptar visualmente sus productos y contenidos al universo bedazzled.
Entre las marcas que han reaccionado o participado en la conversación encontramos nombres como Kylie Cosmetics, Benefit, e.l.f. Cosmetics, McDonald’s, CeraVe, NYX, IHOP y Gisou, además de ejemplos que circularon en redes de Bachoco, Scrub Daddy, Tabasco, Subway, OXXO, Hellmann’s, Amazon, Pantone, Tajín, Pepsi y Lala.
El punto en común no es necesariamente el producto. Es el lenguaje visual; un vaso de café puede ser bedazzled, una botella puede ser bedazzled, un empaque puede ser bedazzled, un producto de maquillaje puede ser bedazzled.
Y cuando una marca consigue adaptar su producto a una tendencia sin perder su identidad, deja de parecer una empresa intentando “subirse al trend” y empieza a formar parte de la conversación.
¿Por qué el bedazzling está funcionando tan bien?
Hay tres ingredientes detrás de su éxito.
1. Nostalgia: La estética Y2K sigue teniendo un enorme atractivo porque permite recuperar elementos de una época que muchos consumidores recuerdan con cierta nostalgia.
Para Gen Z, además, representa una estética que descubrieron y reinterpretaron a través de internet.
Es decir: una generación recuerda los 2000 y otra los está descubriendo.
Perfecta combinación para que una tendencia vuelva a circular.
2. Personalización: Hoy no basta con tener un producto. Queremos que se sienta nuestro.
La lógica del bedazzling es perfecta para eso: tomar algo cotidiano y transformarlo en una versión personalizada.
Una funda deja de ser una funda; un termo deja de ser un termo; un gloss deja de ser un gloss.
Ahora es tu versión.
Y eso conecta directamente con una cultura digital donde la personalización y la autoexpresión tienen cada vez más peso.
3. Es extremadamente visual: Este quizá sea el ingrediente más importante para redes sociales.
Los cristales reflejan la luz, generan textura, color y movimiento.
En otras palabras: hacen que un objeto común se vea interesante en cámara.
Y en un ecosistema donde las marcas necesitan detener el scroll en cuestión de segundos, eso es una ventaja enorme.
Del “clean girl” al “bedazzle everything”
Quizá el verdadero fenómeno detrás de esta tendencia no sean los cristales. Es el cansancio del minimalismo.
Después de años de feeds perfectamente ordenados, colores neutros, empaques minimalistas y estética “clean”, el internet parece estar buscando algo diferente.
Algo más divertido, más exagerado, más personal, más innecesario… pero mucho más entretenido.
El bedazzling representa justamente eso: la posibilidad de decorar algo simplemente porque podemos hacerlo.
Es el regreso del “¿por qué no?” como criterio estético.
Y no es casualidad que publicaciones recientes estén relacionando el fenómeno con una reacción frente a la sobriedad y uniformidad que dominaron las tendencias de los últimos años.
¿Qué pueden aprender las marcas de esta tendencia?
Aquí es donde el bedazzling deja de ser una simple moda y se convierte en una lección de marketing.
No siempre necesitas crear algo nuevo para participar en una tendencia.
A veces necesitas mirar lo que ya tienes y preguntarte: ¿Cómo puedo reinterpretarlo bajo el lenguaje de internet?
Un producto cotidiano puede convertirse en contenido. Un empaque puede convertirse en meme. Una característica del producto puede convertirse en trend.
Y una conversación que comenzó alrededor de una celebridad puede convertirse en una oportunidad para que una marca demuestre que está escuchando lo que ocurre en su audiencia.
El verdadero reto no es copiar la tendencia, es hacerla tuya.
Porque si todas las marcas simplemente ponen cristales sobre su producto, la tendencia deja de ser diferenciadora.
Pero si una marca encuentra una manera creativa de conectar el bedazzling con su personalidad, su producto y su comunidad, entonces ya no está siguiendo el trend.
Está participando en la cultura.
¿Y ahora qué sigue?
Probablemente el bedazzling no será eterno, como todas las tendencias, eventualmente llegará otra estética que ocupará su lugar.
Pero eso no significa que no sea valiosa para las marcas, las tendencias funcionan como ventanas de oportunidad: aparecen, generan conversación y ofrecen un momento para conectar con las audiencias de una manera mucho más orgánica.
La pregunta no es: “¿Debería mi marca subirse al bedazzling?”
La pregunta es: “¿Qué puedo hacer con esta tendencia que nadie más está haciendo?”
Porque quizá mañana ya no sean los cristales.
Quizá sea otra canción, otro meme, otra celebridad o una nueva obsesión de TikTok.
Y las marcas que sepan detectarlo antes que las demás tendrán algo mucho más valioso que un producto lleno de brillitos: la atención de su audiencia.
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